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Misa pro defunctis

Si la celebración ritual del paso a la muerte es prácticamente inherente a la condición humana, en la cultura occidental recibió un impulso definitivo durante la Edad Media con la plena adopción del concepto de purgatorio, un estado intermedio en el que el alma era purificada antes de acceder a la salvación eterna. El catolicismo consideraba la posibilidad de acelerar el paso por el purgatorio mediante donaciones económicas para actos litúrgicos conmemorativos. De esta forma, dio espacio a una cierta influencia terrenal en la gestión divina del destino de las almas en el más allá. Es en este contexto en el que debemos entender la proliferación y la larga trayectoria histórica de la misa de difuntos. La de Francisco Guerrero en el siglo XVI, pero también, más tarde, las de Wolfgang Amadeus Mozart y Giuseppe Verdi son deudoras del mismo fenómeno.
La trayectoria profesional de Francisco Guerrero (1528-1599) es, a la vez, representativa y atípica. Como muchos de sus coetáneos, ejerció de maestro de capilla de una catedral, pero, a diferencia de lo habitual, a lo largo de su vida prácticamente solo fue contratado por una entidad: la catedral de Sevilla. Durante los cincuenta años que permaneció al servicio de esta poderosa institución (Sevilla era el puerto de entrada del oro de las Indias y una de las ciudades más ricas y pobladas del mundo conocido), Guerrero cultivó todo tipo de géneros de polifonía destinados a solemnizar y embellecer el culto, de modo que legó una vasta producción musical casi exclusivamente religiosa.
Tal y como marcaba la exigencia litúrgica, la Missa pro defunctis de Guerrero está construida a partir del canto gregoriano precedente, con el que alterna de principio a fin. Se trata de una obra peculiar porque se conservan de ella dos versiones (publicadas en 1565 y 1582). La segunda presenta una serie de modificaciones que responden a una adaptación a las directrices litúrgicas y musicales emanadas del Concilio de Trento (1545-1563), un evento que marcó el inicio de la Contrarreforma y que, aunque poco conocido fuera de los círculos de entendidos, es clave para entender nuestra historia cultural. El Réquiem de Guerrero es, pues, testigo de una importante época de cambios.
